GRISELDA GARCÍA. AHORA























El dique

En las últimas vacaciones Papá
construyó un dique en el río.
Le llevó toda la mañana.
Cuando terminó, el sol
había bronceado su espalda.
El agua nos llegaba a los tobillos
nos metíamos en zapatillas
para que los pies no dolieran.

En ese mismo río esparcimos
sus cenizas pocos años después.

Mamá llevó flores y una botella de vino.
No había nadie ese día
solo un hombre acostado en la arena
que al ver la botella gritó de satisfacción.

A Papá le hubiera gustado, pensé
y entrando al agua rompí el dique.







Foto robada

Se nos debe ver muy lindos
se nos debe ver hermosos
con el puesto de comidas
detrás a punto de cerrar
dejándonos encandilados
por la blancura del mediodía

pero mi mano en tu hombro
tiene el puño cerrado.

Se va a terminar
se escurre como arena
el mismo océano que miramos
como una imagen de póster
nos va a separar.

En marzo voy a recordarnos
con sorbetes de colores
y sombrillitas de papel.

Los lugares comunes suelen ser
los que contienen más verdad
nosotros caímos en todos.

En marzo el bronceado
va a ser solo un rastro.







Caucete

Recién tembló
se agitó hacia abajo esta vez
significa que ha sido cerca
en el Pie de Palo.

Cuando pasa de noche si es muy fuerte
por seguridad cortan la luz
y queda todo a oscuras que da miedo.

Esta mañana hubo otro
me estaba despertando
y no sabía si era un sueño
pero si escuchás a los perros
es porque ha temblado.

Una vez estaba en Buenos Aires
en la casa de una amiga
había una grieta en el techo
y el padre me dijo: eso fue Caucete.

El terremoto del 77 se sintió hasta en Brasil.

Y vos, ¿alguna vez sentiste uno?

Tal vez no te diste cuenta, al principio
vas a pensar que estás mareada.

Es como dicen:
soñamos pero no recordamos.







Las grandes aguas

Y a quién vas a llamar cuando acabe el día
y al volver del trabajo pienses en estar con alguien
a quién vas a llamar para que te acompañe
cuando camines por las calles tristes de siempre.

Vas a ver que todos están con alguien menos vos
que deseás cosas que no volverán
y dejás pasar aquellas que te harían feliz
si estuvieras preparado para verlas.

Hacia el fin de jornada cierro los ojos.
Escucho el roce de las alas de la polilla
embriagada de oscuridad.

En la noche del viernes por calles tristes
enviarás mensajes a teléfonos apagados
desde cuartos de paredes sucias
con pequeños roperos atestados
en camas marineras sin equilibrio
ardiendo de deseo por el cuerpo de una mujer
rezándole al Señor de los Milagros
por el cuerpo de una mujer
rezándole a Chacalón que es Dios
por el cuerpo de una mujer.

A quién vas a culpar por no haber hecho lo correcto
a quién vas a llamar cuando acabe el día
y volviendo por calles tristes sepas que te espera
el catre pequeño, más pequeño sin mujer
sin cuerpo que fatigue la innúmera cama.

Vas a decir que me extrañás cuando ya sea tarde
vas a pedirme que hable cuando no tenga fuerza.
Hubiera hecho falta tanto más juntos
para convertirme en el árbol que baña con su savia
el hacha del leñador que lo ha herido.

No soy tan buena, lo siento.
Las monjas hablarían de perdonar, de dar la otra mejilla.
Qué saben ellas de amar si se han casado
con un mudo, un ausente, un muerto.

¿Dónde estabas, que no te vi?

Tenía que ser ahora, no antes
antes no hubieras podido verme, éramos otros
tenía que ser ahora.

Y ahora aquí estoy, aquí estamos
estar juntos es bailar dentro de un huracán
una máquina voltaica años luz al borde del sol
un agujero negro empujando el centro del abismo
tu piel y tu pelo, chocolate y manjar blanco
rompiendo en mi paladar de sibarita.

Todavía guardo tu olor, salobre y dulce.
Hombre. Ser de ensueño y luz
agua mansa y cascada en caída libre
como una casa musical voy a conservar
tu forma de cantar las palabras.

Y quién va a navegar tus aguas, nadador
quién se atreverá a enfrentar las grandes aguas
el amor es un laberinto del que se sale volando
o se perece buscando la salida.

Qué bueno no haber escuchado a las amigas:
Tranquila, tomate tu tiempo...
tranquila estuve toda mi vida
tranquila estaré en la tumba.

Olvidé que no eras río sino océano
Y me bebí de un trago tus aguas, nadador
y las encontré amargas y me ardieron
como una insolación de eclipse.

Que tus ojos se hagan de agua y pueda beberlos
fue mi profecía y me ahogué:
llega un momento en que las palabras tienen valor de acto.

No voy a naufragar en tus aguas, nadador.
No voy a inmolarme en el laberinto del amor.

Vuelvo a mi vida habitual
a la calma monótona que necesito
para transformar la mierda en oro.

Vuelvo a mi centro que se parece mucho
al ojo del huracán, el lugar de mayor quietud.

En el ojo del huracán hay calma.
En el ojo del huracán está todo lo que hemos perdido.
Lo perdido es nuestro para siempre.

Mientras escucho a la polilla
que se quema las alas contra la lámpara
pienso que es duro el destino

de los que buscan la luz.
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