SANTIAGO VERA / LIBRO DE LAS OPINIONES (reloaded)


fidel martínez nadal





Imaginemos que a un gringo tú le preguntas: “are you reading something at the moment?” Y el gringo, un poco graciosito, nos responde que actually a couple of novels, una de “Which” y otra de “From”. Un cague de risa. Lo mismo tú le preguntas a un peruano o a cualquier hispano hablante y en la vida te va a responder: ah sí, sí, una del “Cual” y otro del “De”. Imposible.

I.  Esto me llevó a pensar en nuestro amigo Beto que cuando era chibolo no sabía utilizar el contracto. En vez de decir, por ejemplo, nos fuimos al parque, decía nos fuimos a el parque.

II. Yo me acuerdo que cuando tenía diez o nueve años le tenía miedo a la ortografía y porque le tenía miedo a la ortografía prefería no tomar demasiados riesgos a la hora de las construcciones gramaticales. Entonces, por ejemplo, hablaba de el día de el niño.

III. En primer grado de primaria yo aprendí a sumar después del cuarto ejemplo. Me explicaron: 3 + 2 = 5, nada, 6 + 2 = 8, nada, 7 + 5 = 12, nada, hasta que de pronto me dijeron: 10 + 8 = 18. Después yo escribí: “diez más ocho es lo mismo que dieciocho”. Así yo aprendí a sumar.

IV. Meses más tarde me encontraba escribiendo una oración en el cuaderno amarillo de lenguaje en la que decía casi automáticamente: ¡Les deseamos a todos los papás un feliz día del padre!


Yo me encuentro, vamos a ver (¿cómo decirlo?), machiguenga por el nombre, wachipato porque es el nombre de una ciudad. Otras palabras (otras cercanías bien lejanas) que en este caso difieren de su antes (ni que decir aún de su todavía) están (no están) ni por el este ni por el oeste y sin embargo son nacientes, como un alba o un amanecer. Esto que digo (eso) lo entiende cualquier tipo que tenga una cosa que se llame razón, que entienda además, con su razón, aquello que incluso se llama a sí mismo cosa, masa, bulto. Que se piense, pues (¡y por fin!) con el seso, que la piel, que en su caso respira, esté untada (la ungida) también con el seso. Que, por último, los ys, los también, los implacables además, sumen ante sí no solo lo que han dejado atrás en materia de un olvido, sino que digan: materia esto y es-to y también todo lo otro, prometiendo así, al menos en clave gramatical, que dos cosas que están separadas por fin sepan unirse.

Yo (yo) estaba hablando sin embargo de mí. En realidad miento: estaba hablando con embargo, o al menos pensé que lo estaba haciendo, hasta que (en uno de esos momentos en que Yo mismo Me doy cuenta) me di cuenta (supe) que en realidad nunca había estaba hablando con embargo de mí, sino siempre de mí sin embargo, siempre de mí sin ti, acompañándome enelnombreconmigo sin mí y aconpañandome en la ausencia sinmigo con mí.


Este es un comienzo memorable, uno de esos a los que se les hace monumento. No lo explico pues no sirve, no está bien, colocar algo previo a lo grande, por más que lo previo sea también grande. Lo memorable no está en el significado ni en la forma, sino en el simple hecho de haber comenzado, y por eso digo que nada extraño antecede a este comienzo sin par. Puede, y no estaría de más, haber antes de esta frase a) un conflicto de intereses, b) un sueño interrumpido por la cena, c) podría bien haber hambre, y sin embargo d) liberados al fin de las con-catenaciones inmundas y ese maldito complejo de orquesta y esa situación privilegiada, es claro que ningún hecho previo es causa, ni siquiera lejana, del inicio memorable que a la vez que funda, permanece y acaba.

Escribo el durante, precisamente las piernas estiradas del que dice algo, el sudor de las preposiciones alistadas, la foto del atleta en el preciso momento en que se le sorprende suspendido en el aire. Me muevo pues, en el corazón del movimiento cercano. Trascurro, transito, agitándome la cola adentro de una bóveda que se mueve al mismo tiempo en dirección paralela y que a la vez está integrada en otro bóveda más grande y así hasta no sé cuántos términos de una progresión casi infinita hasta llegar al planeta tierra o mejor al universo esférico de Friedman. Mejor esta decir, creo, esto otro: que cuando tenía siete años hacia volar al batman por la ventana del carro que avanzaba de 40 a 60 km por hora y ese solo hecho me sorprendía porque pensaba que si movía mi muñeco dentro de un móvil que a su vez se mueva, avanzaría más rápido que si lo único que se moviera fuese mi mano. Un poco como el batman son estas preposiciones (hoy no digo palabras) que están en el durante y en el mientras, que avanzan, como explicarte, porque pertenecen al planeta Tierra y tan poco por otros motivos muchísimos más sofisticados.

Acaba el fin y lo que acaba no es un pedazo de tiempo sino solo la imposibilidad de que lo acabado no haya sucedido nunca. Las parábolas que dibujan los columpios de la residencial San Felipe están a punto de consumarse y convertirse en a) niños que se sacan el ancho al estrellarse con el travesaño de metal que los sostiene b) tan contento Arquímedes de seguir dibujando paralelepipedos en la arena del mar egeo c) una ansiedad de acabar hablando de personas y no de lo que se quiere y necesita hablar.


Camino despacio. (Este es un comienzo normal). Me he adecuado a la distancia de los pasos. Soy conforme a un planteamiento X (Esta es una continuación iconoclasta). Las orejas, ya en otro escenario, cantan una canción a flor de piel. Como soy conforme al planteamiento X, continúo escribiendo.

Nada que me represente una autoridad debe (puede) manipularme los discursos. Camino despacio. Me he adecuado a la distancia de los pasos. Cruzando una avenida, escribo en un cartel: “escribo en un cartel”. Alzo los brazos en señal de angustia. Una autoridad me ha cedido el paso. Yo le he cedido el paso a una autoridad. En otro tiempo, escribo en un cartel: “escribo en un cartel”. Los peatones me saludan. Los automóviles (ventricular, auricular) anuncian, de pronto, un corazón. Un sentimiento, muy gitano, pide limosna en una calle. En otro tiempo, una autoridad se me trepa a los hombros y no tiene cartel. En otro tiempo, yo le presto mi cartel a una autoridad.

Como soy conforme al planteamiento X, continúo escribiendo.

El planteamiento X exige un leguaje apropiado: “Meta-meta-meta-...”. Una conformidad a fin: “Meta-meta-meta-...”. El planteamiento X plantea una sugerencia: “Habla bonito oye, tarado”: “Meta-meta-meta-...”. La relación, de pronto, se hace insostenible. Ahora toca armar adendas, pagar coima y en su defecto desconocer el contrato estipulado.

En la fase final de esta historia de riñas y aventuras, uno podría oír a los peatones del momento recitando:


Mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
Mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
Mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm



A veces los departamentos de mis sucursales se las ingenian y se las imaginan y se hacen pasar, teórica pero no prácticamente, por la Unidad de Control Especializada. Los departamentos de mis sucursales, todos, tienen seis pisos y en algunos se les suele proveer de una cama y en otros solamente de un colchón. La viabilidad de los mecanismos en favor de una respuesta efectiva y de combate hacia ese otro espacio Uno, Eterno, Todopoderoso, se determina por la cantidad de aquellas sucursales o, más bien, por su capacidad para generar una cantidad tal de sucursales subalternas que permitan extender el área hacia un espacio de solaz y regocijo, al margen por fin, o al menos por un instante, de la Unidad de Control Especializada.

Cuando los departamentos de mis sucursales (póngase en el caso de alguna fecha especial) se arrogan responsabilidades y compromisos que propiamente nos les competen, entonces de los televisores de cada piso, pero sobre todo del segundo y del cuarto (que son a las que se le favorece con camas y no solamente con colchones), emerge una gigantesca mano que, traspasando la pantalla a la manera en que un avión, por ejemplo, vence la bruma, se enrosca alrededor de una de las patas de las literas y lucha consigo misma para torcer su muñeca y así atrapar su antebrazo, impidiendo con esta lucha el sueño y el descanso de mis departamentistas.

Otra es la historia cuando desde los pisos impares (el 1 el 3 y el 5) se asoma por el mediodía una espesa bruma gris que los departamentistas advierten desde sus colchones (A estos, a diferencia de los del piso 2 y 4 no se les favorece con camas). Natural y casi instintivamente, los departamentistas se dirigen hacia las ventanas y alzan sus miradas en un gesto de intriga difícil de explicar, apuntando en dirección al cielo y a eso que-está-más-allá y que, decíamos, enaltece el alma. Al instante, las gigantescas manos de los departamentos de al frente emergen otra vez de los televisores pero en esta ocasión con una tarea al parecer mucho más específica y siniestra: con sus dedos como tenazas extraen las cabezas de los departamentistas y en su lugar colocan un gran pedazo de algodón con la presunta intención de que no se chorree la sangre. La operación se realiza sin sobresaltos y se repite de ocho a diez veces por día.

En los departamentos de mis sucursales, las ventanas del piso 6 están tapiadas. Dicha realidad, más que menguar nuestras sospechas, las acrecientan de un modo tan exagerado que por las noches muchos de nosotros nos escondemos para imaginar qué tipo de camas se reservan en éste, o si incluso no hay en éste camas y solo colchones, y si solo hay colchones en qué consiste su volumen, su métrica, y si es verdad lo que se cuenta sobre sus tamaños, que son Grandes y que incluso en frente nadie los puede ver.



1- Se trata de exponer un caso que señale las cosas por sí solo: Un hecho, por ejemplo, que diga las cosas como son. Pero no que su efectivo darse señale una interpretación unívoca, sino que su simple estar ahí diga por si solo lo indecible por nosotros.
Una herramienta conceptual de este tipo requiere de algunas otras exigencias:
En primer lugar, los hechos deberían tener una boca.

Allí al problema le salen innumerables aristas aún más problemáticas que el problema mismo de donde surgen. Pero no, naturalmente, por sus consecuencias ininteligibles, sino porque ni el propio hechecito sabe a estas alturas qué rayos le estará pasando.
Ahora, seamos un poquito hombres e imaginemos no ser hombres: ¿Qué se sentirá, pues, que te abran el vientre temporal, que te cosan un hueco y te irriguen el conducto fáctico a través del cual se te descubra tu prima fase calatita?

Eso debe doler. Y mucho.

Se trata de exponer un caso que señale las cosas por sí solo: Hemos revisado las exigencias correspondientes y hemos derivado a otro espectro del problema. Vimos cómo, en consideración a nuestro procedimiento metodológico, los riesgos a tomar eran demasiado normales, ni tristes ni felices, y esto porque no valían la pena.





2- En el año 2007 el hecho es sometido a una intervención quirúrgica sumamente delicada.

Los Acontecimientos están en huelga y se cosen la boca.

Los Acontecimientos protestan y cumplen con su huelga de hambre.

Los Acontecimientos luchan por una causa y hacen paro nacional.

En marzo de dicho año, el hechecito, el outsider, se tira al piso boca arriba, a tres metros de un camión. A punto de ser triturado, coge un cuchillo y se abre un hueco en la panza más grande el mismísimo Organismo que transfiere sus demandas.


Y a eso los otros le llaman “anécdota”.
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