NIKOLA MADZIROV. LO QUE DIJIMOS NOS PERSIGUE





fotografía encontrada por meagan abell


















CUANDO ALGUIEN SE VA TODO LO QUE HICIMOS REGRESA

Por el abrazo de la esquina entenderás
que alguien se va a alguna parte. Siempre es así.
Vivo entre dos verdades,
como una luz de neón que vacila
en un pasillo vacío. En mi corazón cabe
cada vez más gente que ya no está.
Siempre es así. Empleamos una cuarta parte
de nuestra vigilia en el parpadeo.
Olvidamos las cosas aún antes de perderlas:
el cuaderno de caligrafía, por ejemplo.
Nada es nuevo. El asiento
en el autobús está siempre caliente.
Las últimas palabras pasan de unos a otros
como cubos oblicuos en un incendio estival.
Mañana sucederá otra vez:
la cara, antes de desaparecer de la foto,
perderá primero las arrugas. Cuando alguien se va
todo lo que hicimos regresa.


DESPUÉS DE NOSOTROS

Un día alguien doblará nuestras mantas
y las mandará a la lavandería
para limpiar de ellas hasta el último grano de sal,
abrirá nuestras cartas y las ordenará según las fechas
y no por la frecuencia con que fueron releídas.

Un día alguien moverá los muebles de tu habitación
como piezas de ajedrez al inicio de otra partida,
abrirá la vieja caja de zapatos
en la que guardamos los botones caídos de los pijamas,
las pilas sin gastar y todo el hambre.

Un día volveremos a tener dolor de espalda
por el peso de las llaves de un cuarto de hotel
y el recelo con que el recepcionista
nos pasa el control remoto.

La compasión ajena marchará tras nosotros
lo mismo que la luna tras un niño extraviado.


CIUDADES QUE NO NOS PERTENECEN

En ciudades extrañas
vagan los pensamientos, tranquilos como tumbas
de olvidados acróbatas,
algunos perros ladran a los contenedores
y a los copos de nieve que caen sobre ellos.

En ciudades extrañas pasamos inadvertidos
como un ángel de cristal en una urna sin aire,
como un segundo temblor que tan sólo reacomoda
lo que se ha derrumbado ya.


INVOLUNTARIA CONQUISTA DEL ESPACIO

Cuando nos distanciemos
el contenido del aire cambiará,
el desconsuelo bajará inaudible
por fuera de los desagües
como la sombra de un lagarto asustado.
Cada despertar ajeno a nuestra cama
tendrá que condenarse,
cada vez que el pecho se me expanda o se contraiga
será una conquista involuntaria del espacio.
La proximidad se escurrirá de nuestros dedos
lo mismo que una gota
del cuerpo de ese pez que acabamos de atrapar.

Aunque el sol y la luna se eclipsan al tocarse,
siguen estando alejados, y todo
se hace noche, un falso adormecerse de las hojas,
las sombras, los animales salvajes.


Nikola Madzirov, Lo que dijimos nos persigue, Pre-Textos, 2013


(Traducción de Yolanda Castaño y Marija Petrovska)