MAURIZIO MEDO. LO QUE UN DÍA FUE NO SERÁ (MEDUSARIO EN ESPAÑA)





Lissy  Elle

























Leía la muy buena entrevista del poeta Francico Laynaz[1] con parte del dream team neobarroco a propósito de la inminente aparición de Medusario en España a través de la editorial RIL, lo cual nos alegra.

Medusario es  una muestra de poesía latinoamericana que, como sabemos, posee la virtud de omitir el adjetivo neobarroco. Más allá de lo que significa o no Medusario debo admitir que mi sentimiento hacia el neobarroco –un estilo, no; sí y un discurso- es de una enorme simpatía,  la misma que se mantiene incluso siendo consciente de que, hoy, hablar de un neobarroco –de acuerdo con los términos y circunstancias en los que se originó: una emergencia –o mejor: “una síntesis emergente de una serie de fenómenos poéticos y extrapoéticos (en tanto que también filosóficos y también estéticos)”[2] – equivaldría a celebrar en el Kiss& Fly una fiesta temática.

Cuando Néstor despertó el neobarroco ya estaba ahí.  

En más de una ocasión me he preguntado: ¿y qué escribiría Néstor hoy? –incluso alguna vez lo comentamos con Tamara.  Tal vez con el desmadre de nuevos lenguajes provenientes de la tecnología la muchachada del barroco(có) habría encontrado algunos elementos idóneos para poder escapar de las trampas de la fe que les tendió lo “literario”. La idea de vadear el río (de la literatura) hacia otras orillas terminó por obrar de tal modo que eso, “no literario”, termino “literaturizándose  absorbido por una visión estética, estructurada con los mismos principios a los que se enfrentaron.

“Hoy –declara Marjorie Perloff- sería imposible escribir poesía desde la sencillez, o mediante las oraciones consecutivas que abundan en el mundo impreso contemporáneo. Tenemos tanto lenguaje a nuestro alrededor –de hecho, estamos bombardeados por él– que pienso que el papel de la poesía es desmontar las prácticas de la lengua dominante, ponerlas en crisis con el objetivo de proveer una crítica cultural”.

Es decir la propuesta del “neobarroco” surgió en un mundo más próximo a Little House on the Prairie que a Black mirror. Pero hoy, extinguido el espíritu de la representación, cuando lo que abundan son propuestas en diáspora respecto al ámbito “literario”, lo que queda del neobarroco (y especialmente en América Latina)  es su espíritu, uno, a veces perdido, dentro de un mundo que “es una mentira hipercomunicable”. Como dice Milán: “Más que entender al habla del follaje -la condición barroca de la naturaleza latinoamericana- hay que escuchar el aplastante y atravesante chirrido de la masa comunicativa. Y a partir de ahí crear espacios de vacío, zonas de libre circulación del sentido y del sin sentido”. Es desde esta intención que el lector (hoy) podría comprender a poetas como Cerviño, Layna Del Pliego, Canteli o García Faet (cito adrede a cinco iberoamericanos) quienes estructuran discursos no lineales – entiéndanse “transparentes”- sino, más bien,  proliferantes, híbridos, fragmentarios….  Es decir:  podrían ser confundidos con lo que caracterizó en algo a la búsqueda de Perlongher –que como toda manifestación contracultural terminó por constituirse en un demodé al cual estilísticamente- le aparecieron epígonos neoborrosos y neoverracos  hasta desnaturalizar su condición (bien ganada) de “clásico” visto desde los ojos del mainstrean.

¿Tamara, crees que aún tenga vigencia hablar de lo neobarroco o de un neobarroso?

Para mí seguir es pasar a otra cosa pero apropiándome, sin perder la herencia. Néstor hizo eso con el neobarroco, alteró la letra “sagrada” (la de la ley, que en este caso venía de Sarduy o de Lezama Lima) para darle un sentido nuevo a lo que amenazaba con anquilosarse, y en ese acto ya estaba marcándonos a sus compañeros de ruta una obligación: no dejar anquilosar lo que él a su vez acababa de rebautizar como neobarroso. Creo que la obligación es intentar neutralizar (borrar) los dualismos que se van generando cuando una teoría se pasa a tomar como reglamento. Por ejemplo, él agregó barro y barrio a un neobarroco que se estaba sumergiendo peligrosamente en la típica discusión que divide a la literatura argentina entre los polos Boedo-Florida. Una discusión que se termina estereotipando en populares contra exquisitos, realistas contra formalistas. Al respecto Perlongher nos tiró línea cuando dijo: “entre Boedo y Florida nos situaremos”. Y me parece que hablar de una actitud borrosa supone ahora, cuando la amenaza es recaer en la vieja polémica perimida entre forma y contenido o en la subsidiaria entre lo claro versus lo oscuro, trabajar “escriborroteando”. Uso un verbo de cuño pizarnikiano para decir que siempre hay que estar borrando con el codo lo que se escribe con la mano para que nunca nada se transforme en ley[3].

En algún momento ensayé el término “postbarroco” con el propósito de diferenciar las escrituras de la ahoridad con las de antaño. Pero el término es inexacto –como señala Espina en la conversación con Layna no podemos hablar de un “post rock” aunque el punk…en fin pero, agrego yo,  tampoco podemos hacerlo respecto de un neo rock  con ¿Muddy Waters, tal vez?  

En otro momento refiriéndome a una posible relación entre lo que fue el neobarroco y lo que vino luego de superar la frontera ideológica (de este con el discurso conversacional  aunque se encontraran imbricados en la escritura desde Parra) pensé en la idea de la aparición de una serie de “músicas derivadas”. Sin embargo esto también es muy relativo pues, en buena parte de las escrituras del presente, lo barroco ese espíritu reencarnado si aparece es como el reflejo de una realidad que saltó de la linealidad a una suerte de cubismo caleidoscópico, generalmente ilusorio.

Medusario fue un libro capital. En tal sentido declara Reynaldo Jiménez: “Medusario de hecho cuenta entre sus logros, en cuanto a políticas de la edición, la ofrenda de un diagrama alterno a un cierto canon anterior o —para decirlo alla Haroldo— una galaxia[4]”. Sin embargo, creo yo,  el tiempo lo confinó al laberinto literario exactamente igual que a la poesía de la experiencia o la del plañido catártico de la sentimentalidad. La diferencia es que el lector y una buena parte de la crítica adquirió el hábito de considerar neobarroco todo aquello no conversacional. 

Tal vez por eso convenga mantener vivo Medusario y leerlo siempre que nos sea posible. Ese libro nos permitió asomar a una realidad (estética y lingüística) que nunca fue nueva (tal como lo entenderían las primeras planas). 

Leerlo ahora editado en España es conocer el origen de muchas de las escrituras que hablamos, incluso a través de los píxeles.




[1] http://www.lagallaciencia.com/2017/02/20-anos-de-medusario-por-francisco.html#more

[2] Eduardo Milán

[3] Backstage. 18 entrevistas y algunas notas sobre la poesía contemporánea. Maurizio Medo. De pronta aparición con el sello editorial Liliputienses.

[4] Ibid
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